Caballos en invierno.
- 11 feb
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Actualizado: 13 feb
El invierno suele ser una época de menor actividad tanto para el caballo como para el jinete, pero la atención a la salud y el manejo de los caballos es tan crucial durante estos meses fríos como durante los más cálidos.
Tolerancia al frio y termorregulación

Los caballos toleran el frío mucho mejor que nosotros. Tienen maneras únicas de mantenerse cómodos en condiciones climáticas adversas y les va bien si se les permite adaptarse gradualmente a temperaturas más frías.
Toleran el frío mucho mejor que el calor. Su temperatura ideal oscila entre 0ºC y 25ºC grados. Su zona de confort térmico es amplia, pudiendo tolerar desde fríos intensos (-15°C o menos con una buena alimentación) hasta calores moderados, gracias a su eficiente capacidad de termorregulación.

Cuando las temperaturas bajan de 5 °C, los caballos aumentan sus defensas naturales contra el frío de diversas formas. Comiendo mas forraje, desarrollando una gruesa capa de pelo, disminuyendo su actividad, buscando refugio y gestionando el flujo sanguíneo, reduciéndolo hacia las extremidades y concentrando la mayor parte de la sangre en el núcleo y los órganos vitales. Esto reduce la temperatura superficial, permitiendo que la nieve se asiente sobre sus lomos sin derretirse.
Alimentación y necesidades energéticas

Las necesidades energéticas de los caballos aumentan durante la temporada de frío y dado que no hay pasto fresco disponible, aumentar el consumo de heno es crucial, ya que la digestión actúa como un horno interno para generar calor corporal. Para adaptarse a las malas condiciones de alimentación invernal el paso del forraje a través del tracto se ralentiza, lo que provoca una mayor fermentación y, con ello, una mayor producción de calor.
Metabólicamente, su cuerpo también ha desarrollado un sistema que les permite ganar peso en exceso durante los meses de verano, al ignorar algunas hormonas reguladoras del apetito que indican que deben dejar de comer, como la leptina. A finales de otoño, la sensibilidad a estas hormonas aumenta de nuevo, posiblemente preparando a los caballos para un entorno más escaso, y la reducción de las hormonas reguladoras de la tiroides pone a su cuerpo en un estado de "conservación de energía" al reducir el movimiento y su tasa metabólica. Este efecto también se ha observado en la reducción de la frecuencia cardíaca en la temporada de poca luz.

Un metabolismo que funcione bien es indispensable para un invierno equino exitoso. Esto incluye un equilibrio gastrointestinal adecuado, por lo que el método más sencillo para alimentar a los caballos en invierno es con forrajes de alta calidad y de libre elección.
Debemos tener cuidado con los caballos que no comen lo suficiente , ya que pueden perder peso y ser menos tolerantes al frío. Esto puede ocurrir en caballos subordinados que no tienen suficiente acceso al alimento, o en caballos mayores .
Podemos añadir grano a su dieta, pero con precaución, especialmente en caballos no acostumbrados, ya que puede producir laminitis o cólicos. La suplementación con granos solo es necesaria si los caballos tienen dificultades para mantener su condición física. Recordemos que los caballos son herbívoros y no granívoros.
Importancia del forraje frente al grano

Los forrajes, como el heno, contienen un contenido de fibra mucho mayor que los granos. La fibra se utiliza mediante la fermentación bacteriana en el ciego y el intestino grueso. Se produce más calor en la fermentación bacteriana de la fibra que en la digestión y absorción de nutrientes en el intestino delgado de los granos de cereal. Esto resulta en una mayor cantidad de calor producida mediante la utilización de forrajes que a través de granos y piensos comerciales.
La fermentación del heno ocurre en el intestino grueso y calienta al caballo desde adentro hacia afuera. Los granos no tienen este efecto. Por lo tanto, el heno de calidad es fundamental en el programa de alimentación invernal.
Condición corporal y pérdida de peso estacional
Durante el invierno se produce una pérdida de peso natural, lo que parece tener un efecto protector contra las afecciones que se desarrollan cuando la condición corporal se mantiene demasiado alta durante demasiado tiempo. Esta pérdida de peso estacional y natural actúa como un reajuste metabólico, permitiéndoles eliminar el exceso de grasa acumulada durante la primavera y el verano.
La condición corporal revela mucho sobre el estado nutricional de su caballo. Si el caballo ha acumulado grasa corporal durante el verano, es el momento de permitirle perder este exceso de peso antes de que regrese la exuberante hierba primaveral.
Para los caballos propensos a perder demasiado peso corporal en invierno, alimentarlos con forraje de buena calidad suele ser suficiente. También puede ser útil consultar con un nutricionista para asegurar un equilibrio de los nutrientes más importantes.
Hidratación y acceso al agua

Al aumentar la ingesta de heno, la cantidad de agua necesaria también aumenta y es especialmente importante en invierno para mantener la hidratación y evitar cólicos por impactación. El agua ayuda a mantener el apetito y la función digestiva. Los caballos deben beber para comer y comer para beber, por lo que deben tener a su disposición una fuente de agua abundante y apetecible en todo momento.

La nieve no sustituye al agua. No esperemos que los caballos consuman nieve para satisfacer sus necesidades de agua. Tendrían que consumir una cantidad considerable de nieve para cubrir sus necesidades corporales y la nieve derretida en su tracto digestivo consume calorías valiosas, lo que puede provocar un enfriamiento rápido del cuerpo del caballo.

Tampoco esperemos que los caballos rompan el hielo de los abrevaderos para acceder al agua potable, no siempre podrán, por lo tanto es necesario romper el hielo manualmente, para garantizar el acceso.
Así mismo es importante asegurarnos de que el área alrededor del bebedero no esté resbaladiza, ya que los caballos pueden mostrarse reacios a acercarse, lo que limita su consumo.
Consumo de sal
Dado que las dietas invernales a base de heno son bajas en sodio y el agua o el aire fríos reducen el deseo de beber del caballo, es necesario añadir sal para la hidratación diaria.
La sal es crucial para los caballos en invierno, ya que estimula la respuesta de la sed, animándolos a beber más agua y ayudando a prevenir el cólico por impactación causado por la deshidratación. Además ayuda en la absorción y el transporte de nutrientes dentro del torrente sanguíneo, y a mantener el equilibrio electrolítico general del caballo.

La sal es muy fácil de incorporar a la dieta. Siempre que sea posible, se debe permitir a los caballos acceder libremente a la sal en forma de lamedero.
Es muy improbable que los caballos sufran una sobredosis de sal. La toxicidad por sal es poco común, ya que el exceso de sal se excreta fácilmente en la orina, siempre que haya agua potable disponible. Pero estaremos atentos a los signos de ingesta inadecuada de sal, como el consumo reducido de agua, un pelaje opaco, baja energía, rigidez muscular o masticación de madera o tierra.
Vida al aire libre y refugios
Los caballos evolucionaron como animales de llanura, bien equipados para soportar el viento, el frío y la nieve. Sin embargo, a muchos dueños de caballos les gusta protegerlos de los elementos, construyendo complejas estructuras de establo para mantenerlos "resguardados" y "abrigados" incluso con mantas.
El mantenimiento constante en prados es la forma más saludable de vida para un caballo, incluso en climas fríos. Los refugios naturales, como los árboles, los setos espesos y las características naturales del paisaje (por ejemplo, colinas o barrancos), pueden proporcionar una protección adecuada, y a menudo preferida, para los caballos.

Como cortavientos, los setos densos, las líneas de árboles o los matorrales ofrecen protección contra el frío, el viento y las precipitaciones, que son más perjudiciales que el frío solo. La topografía del terreno como las laderas o pequeños desniveles y barrancos naturales pueden proteger contra los vientos predominantes y en muchos casos, los caballos prefieren utilizar estas barreras naturales incluso si hay cobertizos artificiales disponibles, especialmente si tienen un pelaje grueso y natural.
Los refugios artificiales suelen construirse para la tranquilidad humana, los caballos están bien adaptados a vivir al aire libre todo el año y con frecuencia eligen áreas naturales, cortavientos y sombreadas en lugar de estructuras artificiales. Además, los entornos naturales permiten a los caballos satisfacer su instinto de pastar, moverse y buscar refugio en sus propios términos.
Comportamiento social y conservación de la energía

Los caballos son animales de manada, y su comportamiento social contribuye a su supervivencia invernal.
Los caballos suelen reducir su actividad para conservar energía durante los meses más fríos, aunque algunos pueden sentirse juguetones, la mayoría de los caballos reducen su ritmo y pasan más tiempo de pie o descansando para conservar energía.
Como son animales sociables, se acurrucan con otros caballos para compartir el calor corporal y protegerse del viento entre si. Si hace viento, nieva o llueve, los caballos se protegen agachando o encogiendo la cabeza y girando instintivamente los cuartos traseros hacia la lluvia (incluso caminar hacia atrás) para proteger sus caras, ojos y áreas vulnerables del aguacero y la nieve que pueda arrastrar el viento.

Los lazos sociales se refuerzan a través del acicalamiento mutuo, que puede continuar durante el invierno, aunque a un ritmo reducido en comparación con los meses más cálidos. Este comportamiento fortalece los lazos sociales, reduce el estrés y ayuda a mantener la higiene durante el frío y la nieve. Es una señal de amistad, confianza y una forma de que los caballos se sientan cómodos.
También suele haber una reducción de los conflictos en la manada, la necesidad de calor a menudo supera las disputas sociales menores, lo que conduce a una estructura de grupo más unida y cooperativa.
En invierno pueden mostrar una mayor sensibilidad/miedo; el viento, el aire frío, las nevadas y el susurro de las hojas pueden hacer que los caballos estén más alerta, ya que están más alerta a los cambios ambientales. También pueden volverse más cariñosos o exigentes de atención debido a que a menudo están más cerca de los humanos y tienen menos estímulos externos.
La formación de lazos sociales y comportamientos de cooperación fortalecen sus posibilidades de supervivencia en las duras condiciones invernales.
Piel, pelaje invernal y uso de mantas
Otro mecanismo importante en la termorregulación del caballo es su piel y la capa.
La piel misma funciona como una capa aislante a través de su grosor relativo y una capa de grasa debajo que proporciona aislamiento adicional. La piel está formada por dos capas, siendo la superior la epidermis, que está formada por varias capas impermeables, y debajo de ésta, la hipodermis, que es una capa suelta de tejido conectivo en la que se almacena la grasa aislante.
En caballos mayores o mas débiles, un suplemento rico en grasa, como el aceite, les ayudará a acumular esta capa de grasa.
Además de esto, las glándulas sebáceas situadas en la piel, vinculadas a los folículos pilosos, producen una sustancia llamada sebo, que actúa como una barrera protectora para evitar que se moje. Este aceite es especialmente importante en invierno, ayudando a mantener al caballo seco.

Por eso no deberíamos duchar ni cepillar demasiado a los caballo en invierno, especialmente si viven al aire libre, ya que al hacerlo despojaremos a su pelaje de estos aceites esenciales protectores, resecando la piel y reduciendo la resistencia impermeabilizante al agua del pelaje.
El lavado, especialmente con champú, elimina el sebo protector (aceites) de la piel y el cepillado excesivo puede aplanar el pelaje, destruyendo la capacidad del pelo de "levantarse" y retener el aire caliente.
Los caballos desarrollan un pelaje invernal especializado de dos capas en respuesta a la reducción de las horas de luz, no solo a las bajas temperaturas, a partir de finales del verano.
Este pelaje presenta una capa interna densa y aislante y una capa exterior más larga, recubierta de aceite e impermeable, que hace que el agua de la lluvia o la nieve se deslice, manteniendo secas las capas más profundas del pelaje. Además, los músculos pueden erizar este pelo (piloerección) para aumentar el aislamiento hasta en un 10%-30%, atrapando el calor corporal en bolsas de aire y repeliendo el agua.

La nieve a menudo permanece sobre un pelaje invernal saludable sin derretirse, lo que indica que el calor queda atrapado en el interior en lugar de escapar, debido a que la capa aislante de aire y piel es tan eficiente, la nieve permanece en su estado, actuando esencialmente como una capa adicional de protección contra el viento.
Por lo que un pelaje grueso y natural no debe cubrirse con una manta, ya que puede reducir su capacidad aislante.
Generalmente, las mantas solo son necesarias si el caballo está esquilado, es mayor o no puede mantener su peso corporal. Un caballo mojado en climas fríos y ventosos puede necesitar una manta, especialmente si observamos temblores duraderos por estrés al frio.
La nieve en el lomo de un caballo indica que el aislamiento funciona (no se derrite). Si la nieve se derrite rápidamente o se convierte en hielo, indica que el calor se escapa a través del pelaje, lo que significa que el animal podría estar enfriándose. Esto puede ocurrir si el pelaje está muy húmedo o es muy fino, esta esquilado o si el animal es viejo o está estresado.
Temblores y estrés por frio
A veces podemos incluso apreciar que un caballo tiembla, como escalofríos, es una respuesta muscular involuntaria y de alta energía al frío diseñada para generar calor corporal. Si bien un temblor temporal es una forma normal de que un caballo se adapte al frio, el temblor persistente que dura más de 4 a 6 horas indica estrés por frío.

El estrés por frio requiere una acción inmediata como proporcionarle heno de libre elección ilimitado inmediatamente; como hemos mencionado antes, la digestión de la fibra crea una “combustión lenta” en el intestino, proporcionando calor interno. También secarlo con toallas y llevarlo a un lugar resguardado y seco. Podemos cubrirlo con mantas, pero es importante evitar cubrir demasiado al caballo, ya que si suda debajo de una manta, tendrá más frío.
Si los temblores continúan a pesar de nuestra intervención, están acompañados de letargo, debilidad, una temperatura muy baja o se comporta de manera inusual, deberíamos consultar al veterinario.
Un caballo que tiembla no tiembla por todas partes ni castañetea los dientes como nosotros. Si un caballo camina, el temblor puede pasar desapercibido. Sin embargo, se nota fácilmente cuando deja de moverse. Los principales grupos musculares son los que se mueven o tienen espasmos, ya que ese movimiento ayuda a proporcionar calor, al igual que cualquier movimiento. El hombro y el flanco son las zonas más comunes que se observan, ya que tienden a temblar un poco.
Cuidado de los cascos en invierno
Las extremidades inferiores del caballo están bien adaptadas al frío ya que no hay músculos debajo de la rodilla, lo que significa que las células de la pierna requieren menos circulación sanguínea y, a su vez, pierden menos calor; además han desarrollado una estrategia especial para evitar que sus patas se congelen.
La pequeña cantidad de sangre que llega al casco del caballo normalmente se distribuye a través de capilares. Sin embargo, cuando sus pies se enfrían (por ejemplo a causa de la nieve), se abre un mecanismo conocido como "derivación directa" en los cascos, permitiendo que la sangre fluya a través de venas más grandes en lugar de pequeños capilares, lo que ayuda a mantener el área caliente.
Sin embargo, el cuidado de los cascos de los caballos en invierno requiere vigilancia para combatir el crecimiento más lento, la humedad extrema (barro/nieve) y el suelo duro y congelado. Es buena una limpieza diaria para eliminar el barro y revisar si hay piedras para prevenir candidiasis, abscesos y grietas, sin olvidar un cuidado regular y constante para controlar el equilibrio del casco y evitar daños.
La humedad constante, el barro o la nieve pueden ablandar la pared del casco, lo que puede provocar infecciones. La nieve se acumula en la suela y la ranilla, lo que causa incomodidad, resbalones y posibles lesiones, y las temperaturas gélidas pueden hacer que los cascos se sequen y se vuelvan quebradizos, provocando que se agrieten.

En caballos herrados uno de los problemas más importantes es la formación de bolas de hielo que tienden a acumularse bajo el casco. Se forman cuando la nieve se calienta ligeramente contra la planta del pie y luego se congela al contacto con el metal frío de la herradura. Las bolas de hielo pueden dificultar enormemente el paso de los caballos y pueden provocar tropiezos y cojera.
La mayoría de los caballos, se beneficiarían de andar descalzos, especialmente si no se planea montar mucho durante estos meses, además, sus cascos descalzos tienen mejor tracción en hielo y nieve que una herradura de hierro.
Salud bucal y embocaduras

La boca del caballo en invierno, con el aumento del consumo de heno, en lugar de pasto blando, requiere más fuerza, lo que crea presión sobre los dientes y las mandíbulas, lo que, especialmente en caballos viejos, puede provocar un desgaste desigual, pérdida de dientes o infecciones en las encías; dejar caer heno medio masticado indica un posible dolor o enfermedad dental.
Las revisiones dentales regulares son buenas en otoño/invierno para garantizar que el caballo pueda masticar eficazmente, dado que consumen más heno, es fundamental asegurar que sus dientes estén sanos para procesar esta fibra. Garantizar la salud dental ayuda a mantener el peso durante los meses más fríos.

También tendremos en cuenta que las embocaduras de metal se congelan en invierno y es necesario calentarlos en las manos o con agua tibia antes de colocarlos en la boca del caballo.
Una boca sana y relajada durante el ejercicio invernal a menudo produce una saliva ligera y espumosa, y los pelos largos y húmedos del hocico suelen desarrollar escarcha.
Adaptaciones al frio según la raza
La adaptación de las razas a lo largo de la evolución ha permitido que algunas adquieran características morfológicas, anatómicas y fisiológicas que mejoran la producción de calor y limitan la pérdida de calor. Estos cambios evolutivos incluyen ajustes en el desarrollo del pelaje, el tamaño corporal y la función metabólica/hormonal.
Los caballos mejor adaptados al frío tienden a ser más compactos o cuadrados, con extremidades, cuellos y orejas más cortos. Esto reduce la relación superficie-volumen, lo que limita la pérdida de calor (caballos de tiro frente a caballos ligeros de sangre caliente).
Independientemente del tipo, todos los caballos sanos pueden tolerar temperaturas cercanas a -18ºC. Ambos tipos mantienen la misma temperatura corporal interna; las diferencias son puramente estructurales y están relacionadas con cómo conservan o liberan calor.
Conclusión
En resumen, los caballos bien alimentados se adaptan sin problemas al frío, han vivido en climas fríos durante muchos años y es perfectamente posible criar potros al aire libre en climas muy fríos.
Los cuidados clave, además de su vida social en grupo, consisten en proporcionar acceso constante al forraje (que actúa como un horno interno), asegurar el acceso continuo a agua (no congelada) y brindarles refugio (natural o artificial) que los proteja de la humedad y el viento.





